27 de Julio de 2018
Hoy me toca volver a otro de los clásicos de mi infancia, un juego bastante especial para mí.
Se trata de Croc 2, secuela de Croc: Legend of the Gobbos, del que hablé a principios de año en esta entrada.
Cuando lo jugué de pequeño, lo hice con una consola pirata que no lo dejaba funcionar correctamente. Cuanto más avanzaba el juego, peor funcionaba, y nunca me dejaba terminar el último mundo. Cuando por fin me dejó, lo disfruté como pocas cosas.
Es un juego que se renueva pero que sigue siendo Croc, aunque en algunas cosas pierde un poco de carisma.
Como suele ocurrir en este tipo de juegos, no pasa absolutamente nada por jugarlo antes que su precuela, aunque tampoco hay ningún motivo especial para no hacer las cosas en orden, como a mí me gusta.
Esta entrada no será muy larga porque como suele ocurrir con las secuelas prefiero limitarme a decir qué ha cambiado para no repetir lo mismo en distintas entradas. Tampoco es especialmente relevante especificar cómo es la jugabilidad de forma exacta, pues esto no se trata de un análisis técnico ni nada por el estilo.
Bueno, vamos a ello.
No hay mucho que destripar, solo las obviedades del primer juego
Hace mucho tiempo, el pequeño Croc llegó en una cuna al reino de los Gobbos, que lo acogieron como uno de los suyos.
Con ellos, Croc creció, aprendió y se hizo más fuerte, hasta que logró devolverles el favor salvándoles del malvado Barón Dante.
Pero ahora, Croc quiere descubrir de dónde venía, quiénes son sus padres y por qué se deshicieron de él. Dispuesto a descubrir su pasado, nuestro protagonista emprende una nueva aventura.
Sin embargo, en la isla a la que se dirige se está llevando a cabo un macabro ritual, y el Barón Dante resurgirá de entre sus cenizas para, junto con sus dantinis, sembrar el miedo una vez más.

